En Chile hace falta una crítica de cultura digital

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Carolina Gainza, Socióloga de la Universidad de Chile y Doctora en Literatura Hispánica por la Universidad de Pittsburg está a cargo de una de las pocas cátedras en Chile dedicada a analizar la producción y circulación cultural de nuestro país en el ámbito digital. Su curso lo dicta en la Escuela de Literatura Creativa de la UDP y lo dedica a analizar la forma en que las tecnologías han afectado tanto la producción artística como la forma en que estas creaciones circulan. Dicha cátedra le ha servido para abordar temas de la autoría como también del soporte de las obras. Fruto de ello es que ha logrado recibir financiamiento del Fondo Nacional de Ciencias y Tecnologías para dirigir una investigación en este campo.
En una entrevista al sitio “Aguja Literaria”, Carolina Gaínza se pregunta no solo por los creadores o por los productores de obras literarias (autores y quienes las ponen en circulación), sino también por la crítica, específicamente la literaria. ” Internet está plagado de una actividad creciente de nuevas formas de escritura y de lectura, donde la crítica brilla por su ausencia y muchas veces mira estas experiencias con desdén o las ignora.” Por esta razón la investigadora incorpora el análisis a nuevas formas de crítica que surgen en la red en forma de blogs, en sitios de fanfics, en la producción de los booktubers, entre otros.
Las obras que estudia Gaínza pertenecen al mundo digital, no solo porque se propagan y circulan en ese medio, sino que han sido concebidas justamente para dicho soporte. Un ejemplo es la autora que primero introdujo a Gainza a este ámbito cultural. Se trata del trabajo Word Toys de Belén Gaché, una colección de catorce trabajos de literatura experimental para Internet, obra compuesta por poesía, microficciones, comentarios, crónicas y ensayos breves, todos elaborados en un ambiente hipermedial y para ser leídos en soporte digital. Gaínza explica que se trata de una obra que según las categorías elaboradas por el crítico K. Hayles en el año 2008, habría que referirse a ella como nacida en lo digital (Born Digital), lo cual significa que su existencia y funcionamiento adquiere sentido sólo a partir de la materialidad digital, y que, por lo tanto, no es posible trasladarla a formato impreso sin que pierda su potencialidad interactiva e hipertextual. En este sentido, es la materialidad digital la que le entrega su identidad y significado como objeto cultural digital.
En su artículo “Campos literarios emergentes: literatura digital en América Latina” publicado el año 2014 por la revista del instituto IDEAS de la Universidad de Santiago, Gainza aclara que cuando se está frente a una obra hecha para leerse en digital, se trata de una experiencia de lectura distinta a la que se produce en soporte papel. En este caso, señala Gainza, “la lectura no es estática, sino que está siempre en movimiento a partir de una diversidad de elementos interactivos. El carácter lúdico de la obra se aprecia desde su título y se enmarca en la tradición lúdica desarrollada por las vanguardias y las neo-vanguardias, tradición que ha influenciado a la mayoría de las obras experimentales hipermedia.”