Bienal de arte en India expone obra visual de Raúl Zurita

zurita-2El cuerpo sin vida del refugiado sirio de tan solo dos años, Alan Kurdi, arrastrado por las olas hacia una playa del mediterráneo es una imagen que sigue produciendo vergüenza. Esta imagen, divulgada en septiembre de 2015 apropósito de la crisis mundial de refugiados, ha sido usada repetidas veces por los medios de comunicación, transformándola tanto en un ícono del sufrimiento al que se exponen los migrantes como al fracaso de las políticas internacionales frente a dicha crisis. Figuras mundiales del arte, entre ellos Alfredo Jaar, han intentado reapropiarse de dicha imagen con el objeto de recuperar su su potencia inicial, volver a humanizarla.
Uno de los artistas que ha decidido enfrentar este problema es el poeta Raúl Zurita, premio nacional de literatura y académico de la Escuela de Literatura Creativa de la UDP. Zurita acude a la imagen, pero rescata a quienes han sido excluidos de ella. Aquellos que sufren, pero permanecen invisibles. Bajo estos conceptos es que concibió una obra para la bienal de arte en Kochi, India, que está siendo expuesta desde diciembre de 2016 hasta el último día de marzo de 2017.
La obra se titula “El mar del dolor” y dialoga con las víctimas que no tienen cara ni han sido escogidas como imágenes para la memoria de esta crisis. Una de estas víctimas es el hermano del niño tantas veces retratado. Su nombre es Galip Kurdi, y es parte del poema de Zurita que funciona tanto como una elegía en versos como una instalación de arte. El poeta escribe: “no soy su padre, pero Galip Kurdi es mi hijo.”
El mar del dolor al que alude la obra representa no solo el Mediterráneo de la crisis actual, sino todos aquellos territorios marcados por el sufrimiento causado por el propio ser humano. Ese mar es tanto el receptáculo de cuerpos destinados a desaparecer, como un terreno vasto que separa a los hombres. En la instalación, compuesta por palabras, agua y el reflejo, el autor invita a la audiencia a cruzar este mar del dolor como una reflexión activa, en la cual es necesario involucrarse, mojarse, para poder vivir la experiencia.

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