Violeta Parra en sus palabras

Entrevistas (1954-1967)

Marisol García, editora

Objeto de incontables trabajos biográficos y de investigación, Violeta Parra saca la voz esta vez sin intermediarios. La más relevante de las creadoras e investigadoras del arte popular chileno aparece en estas páginas compartiendo aspectos de su vida y de su trabajo tal como ella los transmitió a los medios de comunicación de su época. Son sus palabras, con sus énfasis y sus detalles.

No existía hasta ahora un libro que recopilara las entrevistas ofrecidas por Violeta Parra. Este volumen es el fruto de varios años de búsqueda de material, tanto en archivos y hemerotecas de Chile como del extranjero; en radios, diarios y revistas; entre cintas, impresos y microfilmes. El trabajo de búsqueda y transcripción, a cargo de la periodista Marisol García, no pretende contener el total de las apariciones de la artista en prensa, pero muestra por primera vez  tras su muerte contenidos que, en algunos casos, no habían sido consultados ni siquiera por sus biógrafos. Aparece una mujer de rasgos inesperados: paciente en las explicaciones, vibrante en las descripción de su trabajo, generosa en la alusión a otros músicos y con buen sentido del humor ante preguntas imprudentes. Están, también, la nostalgia y el dolor por una lucha en la que muchas veces se siente a solas. Cada vez que Violeta Parra declara su compromiso de vida con el folclor chileno se revela una artista de inusual firmeza, clara en una búsqueda bien trazada por ella, capaz de mirarse también a sí misma sin acomodos ni falsedades.

La colección Tal Cual realiza con este libro -cruzado en parte con un periodismo chileno ya extinto- un aporte al material de consulta sobre Violeta Parra, precisamente en el año de celebraciones por el Centenario de su nacimiento.

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Violeta Parra (1917-1967)

Es la más importante creadora e investigadora en el arte popular chileno. En los campos de la canción, la poesía, la recopilación en terreno, la divulgación, la pintura y el bordado, su talento y su rigor ocuparon a lo largo de su vida espacios diversos de Chile y el extranjero. Nació en San Carlos, provincia de Ñuble, en una familia de varios hermanos entusiasmados por el canto y la poesía popular. Vivió en ciudades del centro y sur de Chile, así como en Buenos Aires, París y Ginebra. Ejerció a tiempo completo su compromiso con el folclor y el canto popular chileno. Su obra incluye discos larga duración, música para documentales, dos libros de investigación y una autobiografía en décimas, óleos, arpilleras y piezas en papel maché. Desde 2015, parte de este legado se encuentra abierto al público en el Museo Violeta Parra, en Santiago.

Marisol García

Pariodista. Autora del libro Canción valiente. 1960-1989. Tres décadas de canto social y político en Chile (2013, ediciones B), ganador del Premio Municipal a la mejor investigación periodística del año en 2014. Como  especialista en música popular chilena ha colaborado en diarios, revistas, sitios web, radios e investigación para documentales y exposiciones, y es la editora de los libros reyes de la jungla. Historia visual de Panteras Negras, de Lalo Meneses (Ocho Libros, 2015), y Cantores que reflexionan. Reedición, Osvaldo Gitano Rodríguez (Hueders, 2016).

Sin mediadores

Prólogo de Marisol García

Sucede con muchos creadores contemporáneos que, en la investigación sobre su vida y su trabajo, las entrevistas que alguna vez ofrecieron se vuelven fuentes valiosas de consulta. Algunas pueden ser textos breves, otras quizás carezcan del flujo de una conversación bien conducida; las habrá, incluso, precipitadas por un encuentro incómodo. De todos modos, se asoman en éstas señas rescatables para completar el mapa de referencias de una obra, o de la personalidad y emociones que la explican (incluso en el ingenio ante preguntas banales; el humor frente a los imprudentes).

Las propias palabras de los creadores se instalaron como una nueva forma de comprender su trabajo gracias a las remozadas dinámicas y pautas de los medios de comunicación a partir de la segunda mitad del siglo XX. Con más o menos conocimiento de la obra de sus entrevistados, los reporteros que tuvieron al frente a los artistas relevantes de su tiempo contribuyeron con el registro de esos encuentros a lo que más tarde sería un acopio de pistas para admiradores y estudiosos.

Lamenta uno que las entrevistas de Violeta Parra con medios escritos y radiales no sólo hayan sido pocas… sino que en muchos casos también dejen gusto a poco. Una vez ya activa en la presentación pública de su trabajo, la creadora chilena parece haber sido vista por parte de la prensa de su época como una investigadora, intérprete y autora ocupada por fuera de las clasificaciones que muchos medios mantenían en sus páginas de espectáculos o de cultura; por lo tanto inubicable en las unas y en las otras.

¿Una artista de prestigio internacional? ¿Una cantora campesina apegada a la tradición? ¿Una mujer de vida excéntrica ocupando una carpa en el sector alto de Santiago? ¿Una creadora atormentada? ¿Una maestra de folcloristas?

No entender qué se enfrentaba ante Violeta Parra llevó, en algunos casos, a abordar la conversación con ella como si la experiencia fuese una curiosidad en sí misma. No sólo hay comillas donde no debe haberlas —para ciertos redactores, palabras como cueca, guitarrón o cantora eran foráneas—, sino también párrafos que describen con una mezcla de ignorancia y paternalismo legítimas opciones de vida y de trabajo que simplemente se juzgaron extrañas.

Como sea, tanto en los buenos encuentros como en los decepcionantes la perspicacia y sensibilidad de Violeta Parra brillan como las de una entrevistada excepcional. Sus respuestas son reveladoras incluso en entrevistas torpes, en deuda con asuntos esenciales sobre su obra (referentes, mensaje, vínculo social, cercanía con el mundo indígena y campesino, conexión con otros legados artísticos, por ejemplo). La artista aparece como alguien que en todo momento aprecia el valor del material con el que ha elegido trabajar: la cultura popular chilena. Quiere explicarla casi didácticamente, y transmite la idea de que sus viajes y sus proyectos están inscritos en ese mismo esfuerzo de difusión.

Además de responder con humor las preguntas impertinentes, describe su intimidad con discreción. Es paciente y precisa, también, para detallar su método de trabajo, en canciones, en recopilación, en bordado y en escritura.

Se descubre en estas conversaciones la conciencia de Violeta Parra como una continuadora —acaso una aprendiz— de una tradición mucho mayor a ella. Nunca se define a sí misma como artista, e incluso hay momentos en que habla de su talento con inexplicable modestia.

—No tengo voz como cantante […] y no pretendo tampoco ser una verdadera entendida en el folclor —le dice a revista Ecran en 1954.

A medida que avanzan en el tiempo, sus entrevistas van mostrando a quien progresivamente se fue entendiendo a sí misma como una creadora, ya por fuera de su esfuerzo de contacto con cantoras y puetas populares. Recién en el encuentro radial con su amigo René Largo Farías, cuatro semanas antes de su muerte, ella dice:

—Yo estoy contenta de considerarme, en estos momentos, como compositora. En 1967.

Las muchas biografías, investigaciones y homenajes, aparecidos y por aparecer, no pueden desconocer la relevancia como fundamento documental que tiene el compartir sencillo de las propias palabras de Violeta Parra. No hubo en sus entrevistas la necesidad de un mediador que explicase sus planteamientos, ni tiene sentido ahora añadirle a éstos contexto analítico alguno.

Son palabras suficientemente claras, profundas, vigentes.

En sus encuentros con la prensa surgen precisiones que varios de sus biógrafos no han considerado hasta ahora. Violeta Parra era una investigadora rigurosa y también crítica de su medio, que acusaba la banalidad de quienes decían mantener la tradición folclórica sin realmente conocerla («bailando una cueca de los dientes para afuera»). A la vez, no se guarda la mención a aquellos músicos, investigadores y compositores que sí merecen su respeto. Ya en 1961, por ejemplo, era capaz de apreciar el valor musical de un joven Víctor Jara (años antes de que el cantautor publicase un disco solista).

Se ve a sí misma en un camino de autoformación en el que busca fortalecerse. Cantoras y poetas populares son para ella maestros del folclor «verdadero». Y si bien afirma en ese traspaso de saberes un trato respetuoso de la tradición, sorprende su simultánea disposición a practicar también a solas y sin guía artes como el del bordado y la pintura.

Sus aspiraciones no conducen a fama ni fortuna. «Mi sueño sería recorrer el país entero, empapándome en su música para conocerla, y luego darla a conocer a los demás», cuenta con sencillez en 1954, cuando daba a conocerse en el espacio radial “Canta Violeta Parra”. En esas primeras entrevistas también comparte vivaces recuerdos infantiles sobre sus descubrimientos musicales; la instrucción fundamental en el canto de Lucrecia Aguilera, una pariente suya en Malloa; y cómo consiguió, a los siete años, sacar la guitarra que su padre mantenía escondida con llave porque no quería que sus hijos fuesen músicos.

Iban a venir la investigación en terreno, las grabaciones de discos, los viajes, los espectáculos con sus hijos, el amor y las obras. Entre tantas visicitudes, Violeta Parra no deja de ser una entrevistada siempre dispuesta a explicar su trabajo en el vínculo con el arte popular chileno.

No aparecen frases que busquen llamar la atención sobre una oferta creativa individual ni tampoco un discurso personal e imperativo sobre el estado del arte. La retórica promocional y autorreferente a la que nos ha acostumbrado el mercado y los cupos en la prensa cultural se distancia por completo de las palabras con las que Violeta Parra presentó su obra monumental, que hoy conmueve a escolares y entendidos, a legos y admiradores.

Pese a la persistencia en su trabajo incansable, hacia 1966 el agobio en sus frases es evidente. Sus entrevistas de ese año a las revistas Aquí Está y Ecran son las de una mujer cansada de «sacrificios y continuas luchas», «aburrida de batallar» —«¡Cómo no me voy a desesperar!»—, aunque incluso entre ese comprensible hastío su charla sobre el folclor chileno no decae en precisión. La conversación con René Largo Farías, la última de esta serie, expone en una breve respuesta la iluminación final de una creadora que ha descubierto que «la fusión del alma del artista con el público» es, para ella, incluso más importante que su creación y sus esfuerzos.

Suficiente de introducciones. La palabra la tiene ahora Violeta Parra. Ha sido un trabajo inusual el de estos años entre hemerotecas y proyectoras de microfilmes, de pistas inconducentes así como del gentil contacto con bibliotecarios extranjeros. Nos guiaba la convicción de que, vuelta a amplificar, esta voz detenida en el tiempo iba a ofrecer no sólo una novedad sino también un contrapeso. Es la voz directa de la mujer a la que hoy muchas otras voces intentan explicar.

“Nací con una guitarra bajo el brazo”

Revista “Aquí Está”. Santiago, 1966

Morena, en pantalones estampados y con un blusón largo y suelto, Violeta Parra es la típica representante de la mujer chilena que sabe y ha sabido siempre luchar por la vida y por imponer sus cualidades artísticas.

Nacida en San Carlos, cerca de Chillán, comenzó a cantar a los 7 años de edad en las veladas escolares que organizaba su padre.
Desde esa época hasta hoy su carrera no ha dejado de ascender.Tiene más de doscientas grabaciones y “un sinnúmero de premios, tanto nacionales como internacionales”, según sus propias palabras.

En Finlandia obtuvo dos medallas de oro en el Festival de la Juventud.Además de intérprete de sus canciones, Violeta Parra es poetisa, al igual que su hermano Nicanor; pintora, sus cuadros adornan “La Carpa de La Reina”.—Esta denominación no significa que yo sea reina, sino que está ubicada en la comuna de ese nombre, aclara la artista.

Hace esculturas en alambre, máscaras, cuadros en cartón piedra, arpillería y trabaja en cerámica.Uno de sus mayores orgullos parece ser su libro de poemas editado en Francia. Son estas las únicas poesías populares chilenas que se han impreso en una nación extranjera. El libro de Violeta Parra se vende en París con nombre de Poésie populaire des Andes.

Violeta Parra, aunque odia tanto viajar como a las maletas, ha ido al extranjero tres veces. El año pasado regresó de su último viaje. Estuvo en Finlandia, Dinamarca, Suiza –en donde conoció a su marido¹–, Alemania Oriental, y vivió por más de tres años en París.
Hoy trata de vivir tranquila. Para lograrlo se radicó en el antiguo Parque La Quintrala, en la comuna de La Reina, en donde ha levantado “La Carpa de La Reina”. El terreno le fue cedido por la municipalidad y desde ese lugar piensa difundir nuestro folclor.

Allí actúa el “clan” Parra, además de Gilbert Favre, marido de Violeta. Él es suizo-francés y se ha caracterizado por su amor al arte (ha hecho programas para la televisión con Boris Hardy y en La Carpa actúa con el nombre de Tocador Afuerino).

¿Qué tipo de satisfacciones le ha reportado su carrera artística?
Absolutamente ninguna. Solamente sacrificios y continuas luchas. Todo lo que usted ve aquí es producto de mis propias penurias. En Chile no se comprenden ciertas cosas.

¿Está usted de acuerdo con la nueva modalidad de la canción chilena típica? Si su respuesta fuese afirmativa, ¿cuáles serían, a su juicio, los intérpretes que han sabido catalizar en mejor forma la evolución de nuestra música?
No me agrada enjuiciar a nadie. ¿Quién soy yo para hacerlo? Pero una cosa me gustaría: que estos autores e intérpretes se sacaran de una vez por todas la máscara. Los cantantes coléricos no niegan que lo son… los nuevos intérpretes folclóricos no saben hacia dónde van. Si quieren jugar con nuestra música, lo están haciendo. Si quieren ganar dinero, lo logran efectivamente. Pero si quieren ser la bandera de la música nacional, habría que preguntárselo al escudo.

¿Cómo definiría usted el folclor y cuál sería el principal objetivo de este?
No soy más que una humilde cantora que apenas sí sabe hablar. Yo interpreto y el público juzga; es él quien debe responder esta pregunta. Canto para no llorar… y es terriblemente cierta esta afirmación. No son pocos los que dicen: “El canto es el lamento del pueblo”. 

Entre los autores de música chilena, ¿cuáles son sus preferidos?
Aunque usted no me crea, no tengo una preferencia definida. Me gustan todos.

¿A qué atribuye usted que toda su familia –hermanos, hijos, sobrinos y esposo– esté dedicada a una rama del arte nacional? ¿Un don hereditario? ¿Convivencia? ¿Comprensión? ¿Otra razón?
Todo el pueblo de Chile es artista. Es él más artista que nadie y nosotros somos del pueblo.

¿Cree usted que existe una poesía nacional típica? ¿Qué futuro les ve a estas composiciones dentro del mundo artístico nacional?
La poesía popular ha existido siempre y en cuanto a su futuro en el mundo, usted tiene mi libro editado en Francia², muy bien recibido en los círculos artísticos.

Como hermana de Nicanor Parra y como poetisa usted misma, ¿cuáles deberían ser, a su juicio, las características esenciales de una poesía popular?
Vuelvo a repetir: no soy más que una cantora y, más que eso, pintora. Todo lo que hago es porque me nace así. Escribo, pinto y canto en forma espontánea e instintiva.

Folclóricamente, ¿cómo definiría usted al pueblo chileno? ¿Alegre, triste, picaresco, dicharachero, pesimista?
Realmente no puedo definir a nuestro pueblo. Creo que son los presidentes los que tienen la palabra en esta materia, pues son ellos los que juegan a la pelota con nosotros y nos definen a su propio gusto y antojo.

¿Considera usted que la letra de las cuecas de su hermano Roberto, tal como El sacristán, están incluidas dentro de una poesía popular?
Por supuesto, las cuecas de Roberto Parra son una poesía vulgar de alta calidad.

De sus viajes al extranjero, ¿qué ha sido lo que más la ha impresionado?
Estar lejos de Chile y de mi Chillán.

¿Cree usted que las canciones folclóricas tienen una influencia notoria en la actitud del pueblo? Esta pregunta se relaciona con la música chilena que incide en lo social, como ser “Oiga usted, general”³.
¿Qué le puede hacer el agua al pez, cuando en ella se ha criado?

Sus hijos, Ángel e Isabel, han logrado imponerse en la ola folclórica actual. ¿Cómo los calificaría usted? ¿A qué atribuiría su éxito?
Como madre de Ángel e Isabel no puedo definirlos artísticamente. Sería un tanto feo que yo misma hiciera propaganda a mi familia. En todo caso, como hijos solo me han dado satisfacciones.

Entonces, ¿cómo calificaría usted su propio triunfo?
Yo no he triunfado aún. Si usted llama triunfar a haber ganado unos cuantos premios y tener varias grabaciones, para mí eso no es más que lavar platos.

¿Cómo definiría usted a Violeta Parra como mujer, como esposa, como madre y como artista?
Como mujer y como esposa, mi Gringo tiene la palabra. Que él le cuente cómo encuentra mis humitas, mi chancho a la piedra, mis empanadas fritas y mis mistelas. Como madre, creo que debo ser un demonio de siete cabezas. Y como artista soy una hormiguita que busca bajo la tierra dónde poder refugiar su corazón.

Violeta Parra en sus palabras. Entrevistas (1954-1967). versión impresa

Violeta Parra en sus palabras. Entrevistas (1954-1967). versión e-Book