Viaje a las estepas

100 jóvenes chilenos varados en la Unión Soviética tras el Golpe

(Catalonia-PeriodismoUDP, 2018)

Cristián Pérez

Martes 4 de septiembre de 1973. Casi un centenar de campesinos chilenos -algunos recién salidos del colegio y otros promediando los veinte años- se dan cita en el aeropuerto de Santiago para emprender el viaje de sus vidas. Su destino es Akhtyrsky, ciudad de las estepas soviéticas, donde permanecerán tres años estudiando técnicas de maquinaria agrícola. Han sido becados por la Unión Soviética con el compromiso político de capacitarse y regresar al país para aportar en la construcción del proyecto socialista de Salvador Allende y salir ellos mismos de su pobreza.

Pero, a un día de su llegada, ocurre el golpe militar en el lejano Santiago de Chile y es entonces cuando el verdadero viaje comienza. En una cultura extraña para ellos, incomunicados, sin poder regresar al país, sobreviven un buen tiempo en tierra de nadie hasta que sus caminos empiezan a trazarse a través del trabajo, la familia o el combate militar.

Este episodio apenas visible del gran fresco de la dictadura militar chilena ha sido reconstruido pieza a pieza en base a los testimonio recolectados de aquellos exbecados que quisieron entregarlos. El viaje a la Unión Soviética fue poco conocido, los documentos desaparecieron en los primeros días del golpe, los viejos dirigentes ya no están: solo queda la memoria y una sorprendente historia con sabor a sueños de juventud, a ilusiones rotas, a coraje y a nuevos comienzos.

Historiador. Es autor de Vidas revolucionarias (2013) y ha colaborado en Por un rojo amanecer. Una historia de los comunistas chilenos (2000) y en Promesas de cambio: izquierda y derecha en el Chile actual (2003).

Desde 2014 se desempeña como investigador del Centro de Investigación y Publicaciones (CIP) y es académico de la Escuela de Periodismo de la UDP.

Capítulo 1

 

Al atardecer del martes 4 de septiembre de 1973, tres buses de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado (ETCE) partieron sigilosos al aeropuerto Pudahuel desde una casona de calle Dieciocho en el centro de Santiago. A bordo iban noventa y tres jóvenes campesinos, entre ellos cuatro mujeres. Mientras avanzaban hacia el norponiente de la ciudad, resonaban en las radios de los vehículos las palabras de los conductores del acto de celebración de los tres años de la Unidad Popular en el poder, cuyo punto alto sería el discurso del presidente Salvador Allende. Los muchachos y muchachas no lo sabían entonces, pero faltaban exactamente siete días para el golpe militar que cambiaría para siempre sus vidas.

Los buses se demoraron en llegar al terminal aeroportuario porque iban eludiendo las barricadas que opositores al Gobierno habían instalado para opacar el acto allendista. Y también porque hicieron rodeos para enmascarar, lo más posible, la salida del contingente juvenil.

En el aeropuerto de Pudahuel —“gris y feo, como presagio de un desastre”, recuerda uno de ellos—, los jóvenes campesinos se despidieron de sus familiares con lágrimas en los ojos. Entre los presentes se encontraba una delegación de campesinos de la zona oeste de Santiago que acudió al aeropuerto a despedir a uno de los suyos y que luego se dirigiría al centro de la ciudad a participar en el acto de la Unidad Popular. Antes de que el grupo embarcase, todos entonaron la conocida canción de Nino Bravo:

Dejaré mi tierra por ti
Dejare mis campos y me iré
Lejos de aquí
Cruzaré llorando el jardín
Y con tus recuerdos partiré
Lejos de aquí
De día viviré pensando en tu sonrisa
De noche las estrellas me acompañarán

Serás como una luz que alumbre mi camino

Me voy, pero te juro que mañana volveré
Al partir un beso y una flor
Un “te quiero”, una caricia y un adiós

Es ligero equipaje
Para tan largo viaje
Las penas están en el corazón

Después de la canción, Raúl Cantillana tomó con fuerza su pequeño bolso de mano y, con las piernas temblorosas, se ubicó en la fila para subir la escalerilla del avión. Antes de entrar, desde lo alto, volvió la vista hacia la terraza del terminal esperando ver a sus familiares, pero estos no aparecieron a despedirlo. Era la primera vez del grupo a bordo de un avión: se ajustaron los cinturones de seguridad, algunos se encomendaron a Dios y a la Virgen María, y entonces los cuatro motores del Ilyushin de Aeroflot, la línea aérea nacional de la Unión Soviética (URSS), rugieron para levantar la mole de la losa. Los jóvenes vieron por última vez las tenues luces de un Santiago secretamente en ebullición, sobre el que ya se cernían días de cambios drásticos y tragedias.

Los muchachos estaban becados por la Unión Soviética para realizar un curso especializado de tres años en manejo y mecánica de maquinaria agrícola. Su destino era la ciudad de Akhtyrskiy, cerca de Krasnodar, en las estepas rusas. Planeaban volver a fines de 1976 e incorporarse a la producción agrícola nacional para darle a esta un impulso definitivo y terminar con el desabastecimiento de productos del campo, una tarea muy necesaria en ese momento.

Esta es la historia de casi un centenar de campesinos chilenos que emprendieron el viaje de sus vidas para escapar de la pobreza a la que parecían condenados y ayudar en el proyecto socialista encabezado por Salvador Allende. La mayoría de ellos militaban en partidos políticos de izquierda; otros fueron recomendados de cerca por dirigentes del campo que habitaban el espectro político de la Unidad Popular. El sueño de conocer la Europa socialista, especialmente la patria de Lenin y otros próceres, tuvo un rápido despertar cuando, a un día de llegar a Akhtyrskiy, ocurrió el golpe militar y Allende fue derrocado. Con ello, el viaje de estudios con objetivos y plazo acotado desapareció: sus vidas habían cambiado para siempre y no de la manera que imaginaron, entre bromas y adioses, el día de la partida en el aeropuerto. Sin saber de sus familiares, sin que estos supieran, a su vez, si estaban vivos o muertos, tuvieron que adaptarse a la cultura soviética y sobrevivir un buen tiempo en tierra de nadie hasta que sus caminos empezaron a trazarse: el trabajo, el estudio, la familia o el combate militar.

Apenas hay registro de esta historia: el viaje a la Unión Soviética fue secreto, los documentos desaparecieron en los primeros días del golpe, los viejos dirigentes ya no están. Este sorprendente relato fue reconstruido pieza a pieza a partir de los testimonios recolectados de aquellos exbecados que quisieron entregarlos.

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