Precht

Las culpas del vicario

Andrea Lagos

La biografía de Cristián Precht resume de manera dramática la historia reciente de la Iglesia católica chilena. La protagoniza un sacerdote de origen más bien conservador, que llegó a liderar un proyecto revolucionario para la Iglesia —la Vicaría de la Solidaridad— y se convirtió en un héroe de la defensa de los derechos humanos y de los perseguidos por la dictadura de Pinochet. Admirado y respetado de manera transversal, el carisma y la habilidad política de Precht lo convirtieron en un indispensable para distintos arzobispos de Santiago durante décadas.

En momentos en que el mundo católico era abatido por una ola global de acusaciones de abusos sexuales de religiosos, una denuncia contra Precht golpeó a la Iglesia local, que aún no se recuperaba del escándalo del sacerdote Fernando Karadima. Los denunciantes que gatillaron en 2011 la investigación eclesiástica eran los familiares de un joven que había sido muy cercano a Precht. Poco a poco aparecerían más.

En esta investigación periodística, Andrea Lagos revela por primera vez la historia de quienes acusaron a Precht de actitudes abusivas cuando eran adolescentes o jóvenes adultos. El relato permite entender qué los hizo hablar después de tantos años y cuál es el alcance de los abusos que se le imputan.

La autora reconstruye también la investigación eclesiástica y el rol jugado por Ricardo Ezzati. Pese a no ser tan cercano a Precht, el arzobispo fue poco severo en dos momentos clave del proceso: tardó en formalizar la investigación y optó por morigerar el castigo que le sugirieron, luego de que el Vaticano determinara que Precht era culpable. Gracias a eso, Precht no fue obligado a colgar de nitivamente los hábitos.

En diciembre de 2012, la iglesia sentenció a Cristián Precht a permanecer apartado por cinco años del sacerdocio. En momentos en que este libro se terminaba de escribir, el plazo del castigo estaba a punto de cumplirse. Por primera vez un sacerdote chileno de alta figuración pública que fue condenado por la Iglesia católica por abusos contra menores y mayores de edad, se aprestaba a regresar a su ministerio.

Andrea Lagos Ávila

 

Periodista y licenciada en Historia de la Universidad Católica. Ha trabajado en “Contacto” de Canal 13, las revistas Cosas, Siete + 7 y Sábado de El Mercurio, además del suplemento Reportajes de La Tercera. También ha colaborado con la revista Capital, el diario El País de España y el sitio VOXXI en Estados Unidos.

Es coautora de Los archivos del cardenal. Casos Reales (Catalonia-Periodismo UDP).

Entre los años 2004 y 2010 fue agregada de prensa en la embajada de Chile en Estados Unidos. Actualmente se desempeña como investigadora del Centro de Investigación y Publicaciones (CIP), es académica de la Escuela de Periodismo de la UDP y editora de revista Qué Pasa.

Cristián Precht. Las culpas del vicario

 

No es para nada menor el desafío que se echó encima Andrea Lagos. Desafío que, de seguro, varios habríamos eludido olímpicamente, temerosos de abrir esa puerta que separa el resplandor de las tinieblas. Porque de eso, entre paréntesis, nos habla este libro. De ese fino y estrecho dintel que hay entre el bien y la perversidad. De la complejidad humana y sus claroscuros.

El desafío no es nada menor, digo, porque primero que todo, al escarbar en las culpas y eventuales delitos de Cristián Precht se corre el riesgo de echar tierra a su labor en la Vicaría de la Solidaridad y, de paso, echar tierra también a la propia Vicaría de la Solidaridad. Escarbar en este terreno podría empañar el papel jugado por la Iglesia en la defensa de los Derechos Humanos, esa vicaría que fue un dique al horror, un capítulo memorable y ejemplar que permanece aún como gran fuente de reserva moral de la Iglesia Católica.

Imagino cuántas advertencias habrá habido en el proceso de elaboración de este libro. Gente piadosa que advirtió a la autora, aún reconociendo los abusos sexuales:

“Al entrar en ese terreno espinoso y sórdido, usted va a ensuciar el maravilloso trabajo realizado por un hombre excepcional”.

En la preparación de este libro, en la búsqueda de fuentes y testimonios, imagino voces misericordiosas que clamaron:

“¿Para qué seguir con esto?¿Qué se gana? Precht ya fue condenado por la Iglesia, aceptó su penitencia. ¿Acaso quiere seguirle el juego a quienes quieren enlodar la acción de la Vicaría de la Solidaridad?”.

Por todo esto, por esas voces que susurran en el ambiente de la corrección, voces que probablemente susurraron también en la conciencia de la autora, considero que hay que tener valentía y convicción para echarse al hombro una tarea como la que se propuso Andrea Lagos y quienes editaron este libro. Porque es evidente que no es lo mismo explorar en las acusaciones de abusos sexuales de Cristián Precht que explorar en los abusos sexuales de Fernando Karadima.

Precht simbolizó parte de lo mejor de la Iglesia Católica chilena. Una iglesia jugada por los pobres, por los oprimidos, por los derechos humanos. Una iglesia humilde, cercana y generosa. En cambio Karadima representa la opuesto, lo peor de esa otra Iglesia Católica, una iglesia clasista, banal y ostentosa de privilegios; una iglesia preocupada de la cintura para abajo de sus feligreses y de sus no feligreses.

Con Karadima, entonces, es más fácil meterse. Las culpas de Karadima –culpas que en rigor son delitos y horrores- no tienen atenuantes ni merecen misericordia, más aun considerando que él, como Precht, se ha empeñado en negar los hechos. Exponer los horrores de Karadima no tiene daños colaterales, como sí ocurre con Precht.

Pero qué se le va a hacer. El periodista tiene una responsabilidad con los intereses públicos, no con los intereses particulares ni menos con los intereses del poder. El periodista tiene un compromiso con los hechos, y así entendido, una vez tomada la decisión de hacerse cargo de los hechos del caso Precht, como hizo Andrea Lagos, no queda más que ir hasta el fondo del asunto, sin medias tintas, sin otra consideración que el compromiso con el lector.

En ese sentido, hay algo que me parece muy valioso. Muchas cosas me parecen valiosas en este libro, pero quiero destacar una en particular. La valentía y el profesionalismo no está sólo en la decisión de hacer este libro, sino también en el hecho de que pese a que la autora cuenta con el testimonio de Cristián Precht, ella no compromete la verdad en ese trato.

Tengo la impresión de que Precht hubiera tenido el mismo trato en este libro en caso de que no se hubiera allanado a hablar.

Y eso, ni más ni menos, es profesionalismo. Y eso es lo que le da vuelo y prominencia a este libro.

Recuerdo que hace algunos años, cuando llegué a trabajar a Ciper, el Centro de Investigación Periodística, escuché que una colega periodista hablaba por teléfono con un político a quien estaba perfilando en un reportaje. Cuando ese político, que era Jorge Schaulsohn, escuchó que lo llamaban por un reportaje que trataba de un caso de corrupción, preguntó:

-¿Pero lo que están haciendo es un perfil positivo o un perfil negativo?

Ante esto la colega periodista, que es Francisca Skoknic, coeditora de este libro, soltó lo siguiente:

-Ni positivo ni negativo, es un perfil profesional.

Pues eso es precisamente lo que hace Andrea Lagos.

Un perfil profesional sobre el vicario obliga no sólo a buscar y recoger testimonios de denunciantes y luego, una vez conseguidos, exponerlos como son, porque si se blanquean, esos abusos pueden pasar a ser culpas y no abusos, pasar por debilidades, deslices o bien, como las llama oficialmente la Iglesia, “conductas abusivas”.

Pero un perfil profesional impone un desafío adicional en este caso. Ya está dicho, Precht no es cualquier cura. Como escribe la autora, “fue el rostro de lo mejor de la Iglesia chilena por casi cuatro décadas. Y hoy es también el reflejo de sus peores sombras”. Para abordar este arco de un extremo a otro, este libro construye el pasado de Precht antes de ser el cura Precht. Una historia familiar poblada de datos y detalles que dan volumen y nervio al relato.

Luego, a la hora de retratar al cura, especialmente al que estuvo a cargo de la Vicaría de la Solidaridad, vemos no sólo a un hombre valiente y jugado, probo y en cierto modo heroico, sino también, a contraluz, vemos a un hombre inseguro y timorato, ese que da dos pasos para adelante y uno para atrás, como lo retrata el abogado José Zalaquett, si es que no, a veces, da dos pasos para adelante y luego dos para atrás, según otro testigo. El vicario batalla contra una dictadura y contra sí mismo. Los demonios acechan por varios frentes, internos y externos, y pese a ello, después de mucho batallar, termina sacando adelante la tarea y haciéndose querer y respetar.

Su papel en la Vicaría de la Solidaridad le pasa la cuenta, impidiéndole ascender en la jerarquía de la Iglesia Católica. Pero otra vez asoma su sentido de supervivencia. Precht sabe sobreponerse y tiene la habilidad de influir en las más altas esferas del poder eclesiástico, de hacerse necesario entre obispos de sensibilidades muy distintas.

Ahora bien, ¿cómo equilibrar todo esto en un libro? ¿Cómo se pondera la luminosidad de un carisma frente a la sombras?

Habría sido tentador empatar al personaje. Compensar los abusos con el retrato de un cura intachable en lo público. Pero no ocurre así, por fortuna. Este libro tiene postura y punto de vista. En ese sentido, nos señala una forma de ver y juzgar un mundo complejo. Señala la necesidad de tomar partido por las víctimas, de ponerlas por delante, más allá de cualquier otra consideración; nos señala que cuando se trata de sacar a la luz los abusos, sobre todo los abusos en las altas esferas del poder, no puede haber consideraciones de un bien mayor, esa razón de Estado que resiste las peores complicidades; no puede haber bien mayor que la verdad y los hechos que merecen ser expuestos y denunciados.

Entonces, cuando eso ocurre, cuando se está en este oficio del periodismo, cuando se comprende y asume su función, no queda otra que armarse de valor para traspasar esa puerta que conduce, escaleras abajo, a un mundo de tinieblas.

Juan Cristóbal Peña

 

 

Precht. Las culpas del vicario. Versión impresa

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